Mi confrontación con la docencia
Desde pequeño
conocí la docencia. Los roles de mi padre y madre guiaron mi educación en casa
y el aula. Los mejores ejemplos de un maestro fueron mi padre y madre. Ambos me
forjaron con disciplina y dieron identidad a mi y mis hermanos. Nunca olvidaré
el sentimiento de ver y escuchar a mi madre en el aula, esas mañanas de fines
de semana haciendo la tarea al lado de mi padre. Eran buenos tiempos. Eran tiempos
de “educación con el ejemplo”, desde la casa hasta la escuela.
Durante mis años de profesionista emprendí nuevas experiencias, con
estudios de licenciatura en biología y una maestría en recursos naturales.
Estos conocimientos expandieron mis
conocimientos y también habilidades en el manejo de grupo, las dinámicas de
integración, los trabajos de investigación o el análisis de experimentos. Tal
vez nunca me propuse entrar a la docencia, pero paralelamente a mis estudios
profesionales pude llenarme de herramientas y de nuevas perspectivas para el
futuro.
Durante la secundaria despertó mi interés por la biología. Mis clases de química
y biología detonaron mi curiosidad por las ciencias y la exploración. Aunque el
verdadero detonante fueron las clases del profesor en biología, llenas de
descubrimientos y juegos. Podía pasar horas en su clase sin queja alguna. Se
podía percibir esa alegría por enseñar que señala J. M. Esteves, con unas técnicas
muy peculiares con su motivación, reflexión, alegría y camaradería con la que
trataba a cada alumno. Durante la lectura “La ventura de ser maestro” comprendí
el término “maestro de humanidad” y descubrí la manera en que estos personajes
van moldeando la vida de los seres humanos sin percatarnos. Ahora lo siento, lo aplico y fortalezco mi
trabajo en el aula. Fabrico las preguntas que mueven las neuronas de mis
alumnos, soy el “cerillo” que enciende el combustible de sus mentes. Tal como
lo hiciera mi maestro durante la secundaria. Observando sonrisas y asombro en
los estudiantes al lograr entender un concepto o simplemente al confirmar el
resultado de un ejercicio, simplemente olvido el estrés, la frustración, y soy
feliz.
Mi confrontación con la docencia fue como la mayoría de los docentes en Educación
Media Superior en México, quienes por lo general no incluimos cursos en pedagogía, como cualquier estudiante
normalista del país. No obstante, la práctica diaria me permitió adquirir un cúmulo
de experiencias exitosas y de fracasos dignos de remembrar y corregir. Desde
inicios trabajé en Educación Básica con las dificultades propias a la edad de
los alumnos, así como el bajo aprovechamiento y la indiferencia de los padres
por el buen desempeño de sus hijos. Desde hace dos años me incorporé a la Educación
Media Superior. Durante mis primeros cursos me sentí estresado y pequeño en
todos sentidos, intentando aplicar los escasos conocimientos de mi nueva profesión,
aunque no desconocida, si repleta de nuevas prácticas y enfoques metodológicos.
No obstante nunca recibí los conocimientos para afrontar lo que se “debe hacer”
o lo que “debemos pensar” como docentes. Como profesor novato tuve un “profesor
ideal”, aunque éste no me fue suficiente para lograr ser un profesor de
calidad. Sin embargo la convivencia con docentes de primaria y preparatoria me
hizo entender la trascendencia del trabajo de un docente, y de lo básico
adquirí las herramientas que hoy aplico todos los días.
Afortunadamente para mí no tengo la frustración mental de haber estudiado
una carrera diferente. Tampoco creo que mis estudios sean en vano, o que mi
profesión este atascada en un campo de trabajo diferente. Ciertamente estudié
para otra cosa, pera nada ha sido fortuito. Me considero un biólogo profesor
con mucho amor por su trabajo, siempre trato de mostrar una actitud de servicio
y sensible a todos los jóvenes, trato de expresarme de la mejor forma, escucho,
pregunto y me comunico de forma que pueda mantener el control de una
conversación sin que nadie lo note. Trato de ser dueño de cada clase guiando
las mentes de mis alumnos, sin restarles libertad, autonomía o crecimiento
personal; como un facilitador de los conocimientos pero generados de
habilidades, competencias y valores trascendentales para el desarrollo personal
de cada alumno. Percibo la educación como un compromiso de humanidad antes que
conocimientos. Siento que los maestros de hoy somos comunicadores,
interlocutores, mediadores, consejeros, y muchas cosas más. Después de todo, el
conocimiento cambia pero lo único que queda son los jóvenes, nuestros alumnos.
Actualmente con una identidad profesional y experiencia docente puedo ejercer
y crear una mentalidad mas positiva, amplia del ser y quehacer docente. Durante
este Programa de Formación Docente de Educación Media Superior (PROFORDEMS) he
fortalecido las competencias docentes que identifican la Reforma Integral de la
Educación Media Superior (RIEMS). Un cambio significativo en mi práctica es la Planeación
o Secuencia Didáctica por competencias, misma que identifico como el sentido y guía
de la práctica docente en cualquier plantel, así como una fuente de mejora
continua y retroalimentación. Planear didácticamente significa dar sentido a las
clases integrando los elementos que la conforman, las actividades y productos, los
elementos de la evaluación, el seguimiento del aprendizaje, la asignación de calificación,
la retroalimentación, y la relación entre
planeación y evaluación en un modelo de educación basado en competencias como
señalan los acuerdos secretariales 444 y
486 que establecen las competencias disciplinares básicas y
extendidas.
Durante el curso de la asignatura de Química I y II he podido realizar el
entrecruzamiento curricular de las competencias y he establecido articulación curricular
con otras asignaturas. Las lecturas de Phillipe Perrenoud y el proceso
didáctico como proceso de comunicación enriquecieron mi conocimiento acerca del
proceso de construcción de competencias,
otorgando mayor importancia a la mediación pedagógica del docente. Todo ello
permitió organizar el proceso formativo en base a las características de los
estudiantes, los contenidos, las estrategias y la forma de evaluar a los alumnos;
con pleno respeto a sus intereses, capacidades y tipos de aprendizaje. En este
sentido pude percibir un beneficio muy grande a partir de la democratización de
la educación en el aula.
También la evaluación tuvo
importantes reflexiones durante el diplomado PROFORDEMS. Desde el qué y cómo
evaluamos, nuestros criterios e instrumentos y como participan los estudiantes
en la evaluación. Pablo Ríos Cabrera en su escrito “Evaluación en tiempos de
cambio”, me proporcionó elementos para identificar los momentos, contenidos,
tipos y funciones de la evaluación; la importancia de los parámetros, así como
los criterios de evaluación de las competencias. Por ello es necesario
involucrar a los estudiantes en el proceso de evaluación, hacerlos
participativos, corresponsables de su desempeño. El video de Carles Monereo “la
evaluación auténtica” y otras lecturas y medios electrónicos como “Evaluación
de los aprendizajes” de Saúl Gómez aportaron perspectivas diferentes y
motivaron cambios sustanciales a la planeación didáctica en el sentido de la
evaluación, como lo son la etapa diagnostica, formativa y sumativa, los
conceptos autoevaluación, coevaluación y Heteroevaluación; así como su impacto
en el seguimiento del desarrollo de competencias. Estas actividades permitieron
mejorar nuestra propuesta de intervención y
mejorar el seguimiento al aprendizaje de los estudiantes.
Como todo enfoque por competencias, las actividades a evaluar destacan el
desempeño como objeto de evaluación, por encima de los conocimientos o la
memorización de información. La evaluación de un alumno implica prestar
especial atención en la forma y medios en que aplica la movilización de
habilidades, conocimientos, actitudes y valores, es decir de sus competencias,
para la realización de un objetivo. Por ello es importante colectar evidencias
o productos a las actividades programadas en nuestra planeación didáctica. Por
ejemplo, el video de José Moya “Evaluación de competencia” ayudó a vincular
propósitos, condiciones, procedimientos, tipos de evidencia, indicadores,
niveles, criterios e instrumentos que podemos utilizar para recolectar evidencias
de aprendizaje. Como resultado nuestra propuesta de intervención fue “nutrida”
con elementos como Métodos o instrumentos de evaluación y Evidencia/Producto.
Todas las actividades del PROFORDEMS me permitieron formular mi propuesta
de intervención, la planeación y fundamentación de la propuesta de intervención,
particularmente la Opción 1 “Estrategia didáctica” de la Guía CERTIDEMS. El desarrollo y
discusión de la presente propuesta es también resultado del trabajo
colaborativo con nuestros tutores y compañeros colegas.
Biol. Heiner Suárez
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