PROFORDEMS

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martes, 23 de abril de 2013

Mi confrontación con la docencia


Mi confrontación con la docencia

Desde pequeño conocí la docencia. Los roles de mi padre y madre guiaron mi educación en casa y el aula. Los mejores ejemplos de un maestro fueron mi padre y madre. Ambos me forjaron con disciplina y dieron identidad a mi y mis hermanos. Nunca olvidaré el sentimiento de ver y escuchar a mi madre en el aula, esas mañanas de fines de semana haciendo la tarea al lado de mi padre. Eran buenos tiempos. Eran tiempos de “educación con el ejemplo”, desde la casa hasta la escuela.
Durante mis años de profesionista emprendí nuevas experiencias, con estudios de licenciatura en biología y una maestría en recursos naturales. Estos conocimientos  expandieron mis conocimientos y también habilidades en el manejo de grupo, las dinámicas de integración, los trabajos de investigación o el análisis de experimentos. Tal vez nunca me propuse entrar a la docencia, pero paralelamente a mis estudios profesionales pude llenarme de herramientas y de nuevas perspectivas para el futuro.
Durante la secundaria despertó mi interés por la biología. Mis clases de química y biología detonaron mi curiosidad por las ciencias y la exploración. Aunque el verdadero detonante fueron las clases del profesor en biología, llenas de descubrimientos y juegos. Podía pasar horas en su clase sin queja alguna. Se podía percibir esa alegría por enseñar que señala J. M. Esteves, con unas técnicas muy peculiares con su motivación, reflexión, alegría y camaradería con la que trataba a cada alumno. Durante la lectura “La ventura de ser maestro” comprendí el término “maestro de humanidad” y descubrí la manera en que estos personajes van moldeando la vida de los seres humanos sin percatarnos.  Ahora lo siento, lo aplico y fortalezco mi trabajo en el aula. Fabrico las preguntas que mueven las neuronas de mis alumnos, soy el “cerillo” que enciende el combustible de sus mentes. Tal como lo hiciera mi maestro durante la secundaria. Observando sonrisas y asombro en los estudiantes al lograr entender un concepto o simplemente al confirmar el resultado de un ejercicio, simplemente olvido el estrés, la frustración, y soy feliz.
Mi confrontación con la docencia fue como la mayoría de los docentes en Educación Media Superior en México, quienes por lo general no incluimos  cursos en pedagogía, como cualquier estudiante normalista del país. No obstante, la práctica diaria me permitió adquirir un cúmulo de experiencias exitosas y de fracasos dignos de remembrar y corregir. Desde inicios trabajé en Educación Básica con las dificultades propias a la edad de los alumnos, así como el bajo aprovechamiento y la indiferencia de los padres por el buen desempeño de sus hijos. Desde hace dos años me incorporé a la Educación Media Superior. Durante mis primeros cursos me sentí estresado y pequeño en todos sentidos, intentando aplicar los escasos conocimientos de mi nueva profesión, aunque no desconocida, si repleta de nuevas prácticas y enfoques metodológicos. No obstante nunca recibí los conocimientos para afrontar lo que se “debe hacer” o lo que “debemos pensar” como docentes. Como profesor novato tuve un “profesor ideal”, aunque éste no me fue suficiente para lograr ser un profesor de calidad. Sin embargo la convivencia con docentes de primaria y preparatoria me hizo entender la trascendencia del trabajo de un docente, y de lo básico adquirí las herramientas que hoy aplico todos los días.
Afortunadamente para mí no tengo la frustración mental de haber estudiado una carrera diferente. Tampoco creo que mis estudios sean en vano, o que mi profesión este atascada en un campo de trabajo diferente. Ciertamente estudié para otra cosa, pera nada ha sido fortuito. Me considero un biólogo profesor con mucho amor por su trabajo, siempre trato de mostrar una actitud de servicio y sensible a todos los jóvenes, trato de expresarme de la mejor forma, escucho, pregunto y me comunico de forma que pueda mantener el control de una conversación sin que nadie lo note. Trato de ser dueño de cada clase guiando las mentes de mis alumnos, sin restarles libertad, autonomía o crecimiento personal; como un facilitador de los conocimientos pero generados de habilidades, competencias y valores trascendentales para el desarrollo personal de cada alumno. Percibo la educación como un compromiso de humanidad antes que conocimientos. Siento que los maestros de hoy somos comunicadores, interlocutores, mediadores, consejeros, y muchas cosas más. Después de todo, el conocimiento cambia pero lo único que queda son los jóvenes, nuestros alumnos.
Actualmente con una identidad profesional y experiencia docente puedo ejercer y crear una mentalidad mas positiva, amplia del ser y quehacer docente. Durante este Programa de Formación Docente de Educación Media Superior (PROFORDEMS) he fortalecido las competencias docentes que identifican la Reforma Integral de la Educación Media Superior (RIEMS). Un cambio significativo en mi práctica es la Planeación o Secuencia Didáctica por competencias, misma que identifico como el sentido y guía de la práctica docente en cualquier plantel, así como una fuente de mejora continua y retroalimentación. Planear didácticamente significa dar sentido a las clases integrando los elementos que la conforman, las actividades y productos, los elementos de la evaluación, el seguimiento del aprendizaje, la asignación de calificación, la retroalimentación, y la relación  entre planeación y evaluación en un modelo de educación basado en competencias como señalan los acuerdos secretariales 444 y  486 que establecen las competencias disciplinares básicas y extendidas. 
Durante el curso de la asignatura de Química I y II he podido realizar el entrecruzamiento curricular de las competencias y he establecido articulación curricular con otras asignaturas. Las lecturas de Phillipe Perrenoud y el proceso didáctico como proceso de comunicación enriquecieron mi conocimiento acerca del proceso  de construcción de competencias, otorgando mayor importancia a la mediación pedagógica del docente. Todo ello permitió organizar el proceso formativo en base a las características de los estudiantes, los contenidos, las estrategias y la forma de evaluar a los alumnos; con pleno respeto a sus intereses, capacidades y tipos de aprendizaje. En este sentido pude percibir un beneficio muy grande a partir de la democratización de la educación en el aula.
  También la evaluación tuvo importantes reflexiones durante el diplomado PROFORDEMS. Desde el qué y cómo evaluamos, nuestros criterios e instrumentos y como participan los estudiantes en la evaluación. Pablo Ríos Cabrera en su escrito “Evaluación en tiempos de cambio”, me proporcionó elementos para identificar los momentos, contenidos, tipos y funciones de la evaluación; la importancia de los parámetros, así como los criterios de evaluación de las competencias. Por ello es necesario involucrar a los estudiantes en el proceso de evaluación, hacerlos participativos, corresponsables de su desempeño. El video de Carles Monereo “la evaluación auténtica” y otras lecturas y medios electrónicos como “Evaluación de los aprendizajes” de Saúl Gómez aportaron perspectivas diferentes y motivaron cambios sustanciales a la planeación didáctica en el sentido de la evaluación, como lo son la etapa diagnostica, formativa y sumativa, los conceptos autoevaluación, coevaluación y Heteroevaluación; así como su impacto en el seguimiento del desarrollo de competencias. Estas actividades permitieron mejorar nuestra propuesta de intervención y  mejorar el seguimiento al aprendizaje de los estudiantes.
Como todo enfoque por competencias, las actividades a evaluar destacan el desempeño como objeto de evaluación, por encima de los conocimientos o la memorización de información. La evaluación de un alumno implica prestar especial atención en la forma y medios en que aplica la movilización de habilidades, conocimientos, actitudes y valores, es decir de sus competencias, para la realización de un objetivo. Por ello es importante colectar evidencias o productos a las actividades programadas en nuestra planeación didáctica. Por ejemplo, el video de José Moya “Evaluación de competencia” ayudó a vincular propósitos, condiciones, procedimientos, tipos de evidencia, indicadores, niveles, criterios e instrumentos que podemos utilizar para recolectar evidencias de aprendizaje. Como resultado nuestra propuesta de intervención fue “nutrida” con elementos como Métodos o instrumentos de evaluación y Evidencia/Producto.
Todas las actividades del PROFORDEMS me permitieron formular mi propuesta de intervención, la planeación y fundamentación de la propuesta de intervención, particularmente la Opción 1 “Estrategia didáctica”  de la Guía CERTIDEMS. El desarrollo y discusión de la presente propuesta es también resultado del trabajo colaborativo con nuestros tutores y compañeros colegas.

Biol. Heiner Suárez

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